En un contexto de crecientes presiones inflacionarias y desequilibrios económicos, el gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, lanzó una fuerte advertencia durante el Congreso de Tesorería de Asobancaria en Cartagena. Según Villar, la gestión económica del Gobierno de Gustavo Petro caracterizada por una flexibilización fiscal agresiva podría desencadenar un aumento adicional en las tasas de interés durante 2026, exacerbando los costos de financiamiento y frenando el crecimiento del país. Esta declaración no es aislada: llega tras la decisión sorpresiva de la Junta Directiva del Emisor de subir la tasa de política monetaria en 100 puntos básicos a finales de enero, llevándola de 9,25% a 10,25%, en un intento por anclar las expectativas de inflación que se han desbordado.
Los Hechos: ¿Qué Dijo Villar y Qué Muestran los Datos?
En su intervención, Villar destacó cómo la suspensión de la regla fiscal y el aumento del déficit primario bajo el Gobierno Petro impulsaron la demanda agregada en cerca de tres puntos porcentuales del PIB entre 2023 y 2025. «Entre 2023 y 2025 la demanda agregada recibió un enorme e inesperado impulso fiscal del orden de tres puntos porcentuales del PIB», citó Villar, explicando que este gasto público excesivo presionó los precios y limitó los recortes en tasas de interés. Además, factores como el incremento del salario mínimo en un 23% para 2026 sumado a la apreciación del peso, que eleva su valor en dólares por encima del 38% agravan el panorama, afectando la competitividad exportadora y elevando costos internos.
Los datos del Banco de la República respaldan esta preocupación: las proyecciones de inflación para fin de 2026 se revisaron al alza de 4,1% a 6,3%, impulsadas por persistentes presiones y desbalances externos. Las tasas de los TES (Títulos de Tesorería) ya subieron significativamente en 2025, encareciendo el endeudamiento público. Si las expectativas de inflación no se corrigen, el Emisor podría optar por más alzas, como se insinuó en las minutas de enero.
Reacciones en redes sociales reflejan el debate: usuarios celebran la revaluación del peso como un logro de Petro, atribuyéndolo a una gestión que mantiene el dólar por debajo de $4.000, beneficiando a importadores. Sin embargo, otros cuestionan si esto se debe realmente a políticas internas o a factores globales como la debilidad del dólar y recortes en tasas de la Reserva Federal. En YouTube, canales como Vialactea critican al Banco por «golpear» a Petro con estas subidas, viéndolas como un intento de ralentizar el crecimiento.
La administración Petro ha priorizado un gasto social expansivo loable en intenciones para reducir desigualdades, pero ha ignorado los riesgos macroeconómicos. La suspensión de la regla fiscal, diseñada para mantener la disciplina presupuestal, ha generado un déficit primario que inyecta liquidez excesiva en la economía, alimentando la inflación en un momento donde el crecimiento ya es anémico (alrededor del 2% en años recientes). Esto no es «cavernas económicas», como lo califica Petro, sino una respuesta lógica a políticas que ignoran lecciones básicas de economía: no se puede gastar indefinidamente sin contrapesos, especialmente en un país con deuda externa alta (cercana al 65% del PIB bajo este gobierno, superando niveles pandémicos).
Analistas como José Ignacio López de ANIF defienden al Banco, argumentando que el alza es necesaria para «cuidar la economía de los hogares» frente a una inflación que erosiona el poder adquisitivo. Petro, en cambio, ha respondido con amenazas de reformar el Banco vía constituyente, lo que genera inestabilidad institucional y ahuyenta inversión extranjera. Es políticamente incorrecto decirlo, pero esta postura populista subir salarios drásticamente sin productividad subyacente es contraproducente: fomenta inflación importada y reduce competitividad, como se ve en el sector exportador. El Gobierno rechaza la subida, pero ignora que las tasas de TES ya subieron 200+ puntos por percepciones de riesgo fiscal, no solo por el Emisor.
Consecuencias para Colombia: Un Panorama Incierto
Si las tasas siguen subiendo en 2026, las repercusiones serán profundas y multifacéticas:
- Económicas: Crédito más caro para hogares y empresas, lo que frena inversión y consumo. Podría llevar a una desaceleración o recesión, con desempleo subiendo (ya en dos dígitos en 2025). El Gobierno enfrentará costos de deuda más altos: con TES en alza, el pago de intereses podría consumir hasta el 20% del presupuesto, limitando gasto en salud, educación y subsidios. La deuda pública, que Petro ha elevado a US$138.000 millones en tres años, se volverá insostenible si el dólar se fortalece globalmente.
- Sociales: Inflación persistente (proyectada en 6,4%-6,5%) erosiona salarios reales, afectando más a clases bajas pese al alza del mínimo. Paradójicamente, las políticas «pro-pueblo» podrían generar más pobreza si el crecimiento se estanca.
- Políticas: Mayor tensión entre el Ejecutivo y el Banco, con riesgos de intervencionismo que minan la independencia del Emisor un pilar de estabilidad desde los 90. Esto podría espantar inversionistas, depreciar el peso a largo plazo y elevar primas de riesgo.
En positivo, controlar la inflación preservaría el valor del peso y atraería inversión estable. Pero requiere disciplina fiscal del Gobierno, no confrontación. Colombia necesita equilibrio: gasto social sí, pero con sostenibilidad. Si no, 2026 podría ser un año de crisis evitable.
