• 3 de febrero de 2026 8:28 PM

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Lo que era un rumor terminó por confirmarse: María Fernanda Cabal y su esposo José Félix Lafaurie renunciaron al Centro Democrático, el partido que les dio plataforma, poder, bancada y visibilidad nacional. ¿La razón oficial? “No sentirse cómodos” tras perder el proceso interno de candidatura presidencial frente a Paloma Valencia. ¿La razón real? Una mezcla de ego, cálculo político y falta de respeto por la colectividad.

La renuncia fue revelada en una carta firmada por Lafaurie, donde se afirma que «no queremos continuar en el partido» y, con toda la pretensión del caso, proponen incluso una escisión para que Cabal funde su propio movimiento. ¿Unidad? Poco. ¿Lealtad al uribismo? Cero.

¿Fractura o berrinche?

La excusa de Cabal es la metodología de las encuestas que eligieron a Paloma Valencia como candidata presidencial, con un 46% frente a su 17%. Aunque había dicho públicamente que respetaba el resultado, en realidad lo que se venía gestando era una retirada disfrazada de acto político.

Y no es menor: se va una de las figuras más polémicas del partido, que ha usado su visibilidad para confrontar incluso a su propia bancada cuando no se hacía su voluntad. Su salida no fortalece la derecha: la divide.

Desde hace tiempo se habla de su cercanía con Abelardo de la Espriella, de su intención de crear un nuevo movimiento “más puro, más duro, más verdadero” (según ellos). Pero lo cierto es que esa narrativa solo fragmenta a la centroderecha y le hace el juego al petrismo. En lugar de sumar, restan. En lugar de construir, fracturan.

Mientras Paloma Valencia ha buscado liderar con firmeza, ideas y estructura, lo que sale del lado de Cabal es más ruido que proyecto. La derecha necesita unidad estratégica, no figuras que jueguen al “todo o nada” con base en encuestas y egos.

Cabal y Lafaurie abandonan el barco justo cuando más se necesita cohesión para enfrentar al desgobierno de Petro. Se van sin una estructura clara, sin una base definida y sin mostrar verdadero compromiso con la unidad. El “no tenemos espacio” no suena a marginación, sino a capricho por no haber ganado.

Y algo más: ¿cuántos votos, cuántos cargos, cuántos contratos construyeron bajo el escudo del CD? La renuncia no borra eso. Pero revela mucho

Renunciar al partido que te lo dio todo porque no ganaste una encuesta no es rebeldía: es cálculo.

María Fernanda Cabal se va con discurso de ruptura, pero deja claro que su prioridad no era el país ni la derecha: era el poder.
Y cuando no lo consiguió, buscó uno propio.

El verdadero liderazgo no nace rompiendo. Nace sosteniendo el barco cuando hay tormenta.
Hoy, Cabal abandona. Y eso habla más que cualquier discurso de “libertad”.

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