Luis Enrique Abadía García recuerda el año 1999 como el punto de inflexión en su vida. Aunque en su mente se mantiene vivo el recuerdo de una infancia feliz en su pueblo natal, esa que hace que brote de sus labios una amplia sonrisa cuando evoca sus años de acólito en la parroquia local y futbolista en las canchas artesanales del pueblo y en la playa, al borde del mar Pacífico.
De los partidos en la playa narra cómo se suspendían abruptamente cuando se aproximaba la entrada de una embarcación con mercancías y/o viajeros provenientes de Bahía Solano o Jaqué, Panamá, porque “salíamos todos corriendo a buscar camello, llevando en nuestros hombros las cajas y maletas para hacernos a unos pesos que nos pagaban a cambio”, recuerda; para luego retornar a la casa y decirle a su mamá que andaba trabajando, “porque a ella no le gustaba que yo jugara futbol; es que yo era muy callejero”, sostiene entre risas.Pero dos hechos marcarían para siempre su vida: un naufragio que vivió en mayo de 1993, cuando viajaba en una embarcación hacia Bahía Solano y esta zozobró en la desembocadura del río Partadó, llamada “Boca nueva”, en donde casi pierde la vida; dice que lo salvó su Virgencita —es devoto de la Virgen del Carmen, nació el 16 de julio de 1980, día de su patrona— y un generoso pasajero al que se le agarró de la camisa y que por poco ahoga.
El otro, fue el desplazamiento forzado por la violencia que sufrió junto a su familia luego de la cruenta toma guerrillera perpetrada por el frente 57 de las extintas FARC el 12 de diciembre de 1999, que dejó un saldo trágico de 27 personas fallecidas: 25 miembros de la infantería de marina, 1 policía y 1 civil; siendo esta la segunda toma subversiva al pequeño poblado fronterizo con Panamá, pues, la primera se había registrado el 12 de febrero de 1992, ocasión en la que recuerda, cómo a la edad de 12 años, estando durmiendo esa noche en una bodega de un tío que por esos días vigilaba con su hermano, ante el estruendo de las detonaciones y disparos se refugiaron al interior de un congelador en desuso, ingenuamente convencidos que el mismo podría protegerlos del cruce de balas entre los guerrilleros y la policía, ante el inminente riesgo que generaba la cercanía de la citada bodega al puesto de policía del pueblo.
Pero sería el desplazamiento de 1999 el que lo llevó a experimentar en carne propia las profundas dificultades y carencias que padecen miles de jóvenes del Pacífico y otras zonas marginales del país para salir adelante.
Aunque siempre sus padres con mucho sacrificio le apoyaban en su propósito de ser abogado; desde que yo era niño, refiere, en mi casa se hacía todo tipo de vendajes para sostenernos, íbamos hasta altas horas de la noche a acompañar y ayudarle a mi mamá a vender fritanga a las afueras de los bailaderos del pueblo.
Él sabía que no les era nada fácil ayudarlo, por lo que buscó trabajo mientras estudiaba para tratar de aliviarles la carga; consiguió un contrato como locutor en el noticiero de la emisora Ecos del Atrato de la cadena Caracol en Quibdó, siguiendo la vena de comunicador que años atrás le había surgido mientras estudiaba el bachillerato, presentando programas musicales; en esta oportunidad se ganaba medio salario mínimo, pero los pagos no siempre eran cumplidos, y en todo caso tampoco resultaban suficientes, por lo que también inició a trabajar haciendo los mandados en la oficina de abogados de un tío, al que quiere como a un padre.
Pero dichos ingresos seguían siendo insuficientes para cubrir los gastos que demandaba la carrera, situación que lo llevó a tomar un crédito con el ICETEX para poder terminar sus estudios y mantener indeclinable su ferviente deseo de superarse.
Hoy ha consagrado su vida a la academia y el servicio público, pues, siguiendo su pasión de maestro, la misma que lo llevó a graduarse de bachiller pedagógico en la Normal San Pío X de Istmina, Chocó, ha conjugado su quehacer en el ejercicio del derecho con la docencia universitaria, en la que ya completa más de 17 años de desempeño en pregrado y posgrados en diferentes universidades del país, siendo también conferencista, autor y/o coautor de diez obras jurídicas.
Años después, ya como abogado, convertiría esa experiencia en motor de servicio. “El Estado debe estar donde el ciudadano más lo necesita”, expresó como Defensor del Pueblo del Chocó, en una conferencia sobre derechos humanos en la Universidad Cooperativa de Colombia, en el año 2016.
Esa devoción por el servicio público, las causas sociales y la docencia ha hecho que su vida y trayectoria estén ligadas al crecimiento personal y profesional en lo que considera el ciclo inacabado de la superación, en la que formarse para servir debe ser una máxima de dignidad y persistencia, a través de la cual puede transformarse la narrativa de las sociedades, sobre todo de los sectores históricamente excluidos de las esferas de poder.
En unos días se graduará como doctor en derecho en la Universidad de Manizales, mientras trabaja con desvelo para graduarse también a la brevedad de su segundo doctorado en derecho procesal constitucional en Argentina; ha realizado cuatro maestrías (derecho público; alta gerencia de los recursos públicos en la Universidad Externado de Colombia; Procesal Constitucional en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina; y Procesal Contemporáneo en la Universidad de Medellín); asimismo seis especializaciones, (constitucional; gerencia de los recursos públicos y compliance, Universidad Externado de Colombia; derecho administrativo; procesal contemporáneo, Universidad de Medellín; Procesal penal, Universidad Cooperativa de Colombia; Laboral y seguridad social, Universidad Libre de Pereira).
Su historia se ha convertido en inspiración y un ejemplo de resiliencia y meritocracia afrocolombiana, destacada por El Espectador y la Fundación Color de Colombia, que lo distinguió como el Afrocolombiano del año, sector justicia y derecho, en el año 2014.
Fuente: Entrevista biográfica publicada en El Baudoseño y reseña en Afrocolombianos Visibles, El Espectador, diciembre de 2014. https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/los-afrocolombianos-del-ano-article-532636/
